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Carta al Editor

Atención compasiva

Hugo Eduardo Abuin

Revista Fronteras en Medicina 2022;(03): 0214-0216 | DOI: 10.31954/RFEM/202203/0214-0216


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Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.

Fuente de información Hospital Británico de Buenos Aires. Para solicitudes de reimpresión a Revista Fronteras en Medicina hacer click aquí.

Recibido 2022-07-21 | Aceptado 2022-08-02 | Publicado 2022-09-30


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Figura 1. Los tres sistemas de regulación de emociones (Paul Gilbert, 1951).

“No actúes como si fueras a vivir diez mil años.

Tu destino pende de un hilo.

Mientras estés vivo, mientras sea posible, sé bueno”.

Meditaciones - Marco Aurelio

Señor Director:

La palabra compasión proviene del vocablo latino compati, que significa “sufrir con”. En esta acepción, fuertemente enraizada en la tradición judeocristiana, predomina el sentimiento de lástima, lo que sugiere cierta sensación de superioridad en relación a la persona que sufre. La versión oriental presupone un sentimiento entre iguales, ya que cualquier sufrimiento que estemos experimentando es consustancial con la naturaleza humana. En esta corriente de pensamiento, la que seguiremos en la presente nota, una de las definiciones más conocidas de compasión es la del actual Dalái Lama (Tenzin Gyatso 1935): “Una sensibilidad hacia el sufrimiento del yo y de los otros, junto con un compromiso profundo para tratar de aliviarlo”; es decir, atención y conciencia sensible, más motivación.

Un elemento central en el abordaje compasivo, y que puede deducirse de la definición expuesta, es la necesaria doble direccionalidad del buen trato, esto es: hacia nosotros (ser menos autocríticos, no condenarnos) como hacia los demás. Sin lograr este objetivo (compasión y autocompasión), es probable que todo intento de ayuda hacia el otro no alcance la intensidad deseada.

La evidencia generada en los últimos años es cada vez más contundente en cuanto a que el sentirnos aceptados, cuidados y compartir un sentido de pertenencia y afiliación con otros es fundamental para nuestra maduración emocional y sensación de bienestar en general.

¿Cuál es el rol del confortamiento (compasión)?

Un modelo adecuado derivado de las investigaciones recientes1 es pensar que en nuestro cerebro hay tres tipos principales de sistemas integrados de regulación de las emociones, a saber:

1) Un sistema de protección centrado en la amenaza. Su función es detectar y seleccionar rápidamente amenazas internas o del ambiente para elegir una respuesta, una forma de afrontamiento: la lucha, la huida, la sumisión. Las emociones asociadas son el enojo, el miedo, la ansiedad, la tristeza. Este sistema es arcaico y nos ha permitido la supervivencia, de hecho nuestro cerebro le da más prioridad a las amenazas que a las cosas agradables (“mejor asegurarse que lamentarse”) ya que no evolucionó para la felicidad sino para la supervivencia y la reproducción. Dentro de los centros involucrados están la amígdala y el eje hipotálamo-pituitario-adrenal. Cuando el modo amenaza está activo, tenemos cada faceta de nuestra mente orientada a la protección; en nuestro medio contemporáneo la frecuencia de activación del mismo puede ser significativa ya sea por factores externos (vivir en una familia disfuncional o en un mundo competitivo) o por factores internos (autocríticas, preocupaciones).

2) Un sistema activador centrado en el logro (sexo, estatus, vinculaciones, éxito económico). Él nos dice “vamos a conseguirlo”, nos motiva para la búsqueda de recursos que vamos a necesitar para sobrevivir y prosperar, nos guía hacia objetivos vitales importantes. Su funcionamiento nos proporciona placer, excitación, sensación de vitalidad. Su pobre desarrollo nos genera poca motivación de logro o poca capacidad de disfrutar de los placeres de la vida. Su sobreactivación puede generar adicciones, obsesiones, compulsiones o estrés y agotamiento. La dopamina juega un papel esencial en este sistema.

3) Un sistema de confortamiento que nos proporciona calma, seguridad, afiliación y, en última instancia, bienestar. Esta percepción de paz interior es la situación ideal para que florezcan la exploración y la conexión social, situación menos probable cuando la concentración está puesta en el logro o en la defensa frente a amenazas. Es un sistema que se desarrolla en los mamíferos y especialmente a partir de los primates. Las hormonas más involucradas son las endorfinas y la oxitocina.

Es innegable la utilidad de los tres sistemas, lo que ocurre es que las sociedades modernas sobreestimulan tanto al sistema de amenaza como el de la activación (Figura 1), creando por lo tanto grandes dificultades para nuestra conexión social, la cooperación y el compartir. El sistema de confortamiento viene entonces a moderar las emociones y conductas defensivas y desactivar el excesivo hacer, lograr, adquirir, propiciando nuestro bienestar.

El rol del confortamiento en la salud

En los últimos años hemos aprendido que la compasión juega un rol central en el proceso salud-enfermedad, mejorando los resultados en salud2. Un trato cuidadoso favorece la tranquilidad en los pacientes, así como la sensación de seguridad y la confianza en sus cuidadores, facilitando la recuperación de la enfermedad o aliviando el sufrimiento, cuando la mejoría no fuera posible. Asimismo, la atención compasiva disminuye claramente el sobreúso de recursos, haciendo más eficiente al sistema y mejorando, además, la imagen pública de los proveedores de salud.

Cualidades de una atención compasiva

La confortación es un trabajo complejo en donde debemos desplegar múltiples atributos, entre los que se pueden mencionar:

- La amabilidad/gentileza.

- La calidez.

- La validación empática.

- La preocupación/el interés.

- La apertura.

- La gratitud.

La amabilidad debe ser acompañada por la calidez a fin de garantizar que no se trate solamente de una actitud protocolar. Ambas cualidades tienen un componente no verbal respaldatorio: un saludo adecuado, un gesto amistoso que invite al intercambio, una mirada sostenida en el paciente.

Un elemento esencial para sentirnos seguros y confortados es percibir la capacidad del otro para entender nuestro punto de vista, el experimentar que nuestra vivencia y emocionalidad son tomadas como válidas y pertinentes3. Validar empáticamente no implica necesariamente acordar con, simplemente es aceptar la experiencia emocional como tal, como el otro la percibe, sin cuestionar, como algo que forma parte de la condición humana, de la “común humanidad” (Kristin Neff, 1966).

Podemos entonces comenzar a vislumbrar que en nuestra práctica cotidiana el contenido técnico (indudablemente necesario) puede no ser suficiente, en especial, si es expresado en forma muy analítica, fría, desimplicada y hasta incluso agresiva. Deberíamos comenzar a pensar además más en las formas. Nuestra presencia confortante no es solo un plus deseable, sino que es clave para un proceso exitoso de atención.

Más allá de cuestiones humanísticas y desde el punto de vista más pragmático, la actitud compasiva puede transformarse en una experiencia gratificante y otorgadora de sentido, alejándonos del sufrimiento silencioso y saturante (con sus significativas consecuencias) que toda relación de ayuda puede generar en el cuidador; de hecho, el bienestar laboral del personal de salud en la mayor parte del mundo resulta preocupante, cerrando un círculo vicioso que aumenta la falta de empatía y la deshumanización. La neutralidad afectiva por lo tanto no parece ser una buena estrategia de autocuidado.

Hoy también tenemos en claro que la relación compasiva entre colegas es altamente beneficiosa, mejorando la atención, permitiendo un mejor aprendizaje de los errores, disminuyendo la ansiedad y aumentando la satisfacción en el trabajo y el optimismo en general4. Por el contrario, la excesiva competitividad nos mantiene en “modo amenaza”, en el cual es muy difícil ser empáticos.

Finalmente, la compasión es un tema mayormente invisibilizado en nuestro sistema de salud, la práctica de la misma dista mucho de ser una obviedad. Entrenarnos en estas habilidades parece esencial, tanto como que el trato humanizante de los profesionales a los pacientes esté complementado, o aún precedido, por un trato similar de la institución a sus trabajadores.

Quizás se trate de un poco menos de adrenalina, corticoides y dopamina y más endorfinas y oxitocina. Todavía estamos a tiempo, pero el tiempo vuela.

  1. Gilbert P. Terapia centrada en la compasión. Descleé de Brouwer, 2016.

  2. Brito Pons G. La compasión como eje de la relación de ayuda. En: Mindfulness y compasión en la relación de ayuda 2022; 109-122. Nau Llibres.

  3. Marsha Linehan. 2020. Manual de entrenamiento en DBT para el/la consultante. Tresolas.

  4. Campling P. Reforming the culture of healthcare: the case for intelligent kindness. BJPsych Bull 2015;39(1):1-5.

Autores

Hugo Eduardo Abuin
Servicio de Clínica Médica. Hospital Británico.

Autor correspondencia

Hugo Eduardo Abuin
Servicio de Clínica Médica. Hospital Británico.

Correo electrónico: habuin@hbritanico.com.ar

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Auspicios

Titulo
Atención compasiva

Autores
Hugo Eduardo Abuin

Publicación
Revista Fronteras en Medicina

Editor
Hospital Británico de Buenos Aires

Fecha de publicación
2022-09-30

Registro de propiedad intelectual
© Hospital Británico de Buenos Aires

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